miércoles, 31 de julio de 2013

WINDY IN MEMORIAM

Motivado por el reciente fallecimiento de Windy (nuestro amigo y compañero de Grupo) los supervivientes del Grupo Musical “ The Boys “, de Los Corrales de Buelna, lamentablemente una vez más (y muy  tristemente… igual que hicimos, ya hace años, con nuestro inolvidable Carlos Urreta) debemos testimoniar nuestro dolor por la pérdida del amigo y compañero de aventuras musicales, en nuestra adolescencia y juventud en ¡ aquéllos maravillosos años 60 ¡
Y qué mejor manera de no olvidar al amigo y compañero, que recorrer, aunque sea muy brevemente, su trayectoria en este Valle de Lágrimas. Así que vayamos a ello, pero recordando los buenos momentos… las lágrimas las dejamos para la familia y amigos, en la intimidad.
Miguel Ángel Pérez García era el tercer hijo de Antonio y Faustina. Estos formaban la familia de “Los Gallegos de la Pontanilla”, dada la procedencia del padre de familia. Miguel Ángel se educó, como todos los hijos de los empleados de NMQSA, en las Escuelas de los Hermanos de la Salle de Los Corrales de Buelna. Fue en su más tierna infancia y en esta escuela, donde quedo “bautizado”, ya para siempre, como Windy… Y ello debido a que en cierta ocasión, en el Cine de Los Hermanos de La Salle, proyectaron una serie de películas del Oeste donde uno de los personajes más populares era el denominado “Viejo Windy”. Este veterano vaquero tenía una característica física peculiar que lo hacía entrañable: un más que notable estrabismo. Dado que Miguel Ángel tenía también un pequeño estrabismo, pues el graciosillo de la clase (no diremos aquí su nombre, por obvias razones) cada vez que salía el “Viejo Windy” en pantalla gritaba ¡pero si es igualito que Miguel el Gallego¡ Esta fue la ceremonia bautismal oficial que determinó: ir olvidando el Miguel Ángel paulatinamente… hasta desaparecer totalmente, una vez ya sustituido por el cariñoso “Windy”.
Y mientras Windy crecía y se formaba… El Hermano Tarsicio, Director del Colegio, formó en los años 50 del pasado Siglo, una excelente Escolanía en el Colegio de Las Salle. A tal efecto seleccionó a las mejores voces de la Escuela, obviamente entre ellas estaba Windy y sus otros compañeros de futuras aventuras musicales. Nuestro amigo tenía una bonita 2ª voz y sus “dúos” eran preciosos. De la Escolanía, Windy y amigos, pasaron al Coro Parroquial de Don Guillermo.
Por otra parte, en el campo de fútbol del colegio (como buen hermano de Toño “el Gallego” y amigo de “Uco Iglesias”, ambos iniciando ya su carrera de futuros notables futbolistas) nuestro Windy apuntaba maneras de buen futbolista. Pero en honor a la verdad… Aunque era un gran estilista futbolístico, es pertinente indicar que: como era algo “vaguete” y no metía mucho la pierna… pues que no pudo alcanzar a su hermano Toño en tal disciplina deportiva. El deporte rey perdió una promesa, pero otras actividades y su carisma le harían notablemente popular.
 
Dado que el fútbol quedó en una actividad deportiva más, como otras muchas que practicaba habitualmente, y puesto que su pandilla de amigos, igual que él, profesaban una muy notable pasión por la música del momento (Elvis, Shadows, Duo Dinámico,… The Beatles vendrían más tarde) decidieron formar, al amparo del Hermano Gregorio, un grupo musical. Fue así como nacieron “Los Existencialistas” (nombrecito proscrito en su momento y que algún disgusto les causó. Algún día hablaremos de ello ). Fue este grupo ( formado por Windy, Nacho, José Luis, Juanma y Pey ) el embrión de lo que más adelante serían los populares Boys ( The Boys ).
Fue en plena década de los 60 cuando quedó ya formado y consolidado el Conjunto Musico-Vocal The Boys que, emulando a los ya famosos The Beatles y demás grupos españoles del momento (Pekeniques, Mustang, Sirex ), logró un lugar preferente en el panorama musical de la provincia de Santander ( ahora Cantabria ) y otras regiones españolas. En este grupo Windy fue pieza importante, dada sus capacidades para el “Bajo Eléctrico” y su 2ª Voz.
No puedo dejar de narrar la anécdota siguiente… En aquélla época el equipamiento de un grupo de Rock era muy costoso y lesivo para las economías familiares, hasta tal punto que los padres de Windy tuvieron que vender una vaca para poderle comprar su primer “Bajo Eléctrico”.

 
 
 Concluidos sus estudios con los Frailes de La Salle ingresó, como la mayoría de los hijos de empleados, en la Fábrica de Nueva Montaña Quijano SA. Y a partir de aquí ya fueron en paralelo sus carreras: musical en The Boys y profesional en NMQSA. Windy siempre manifestaba, en sus tertulias entre amiguetes jubilados, con su característico estilo retórico “aquéllos años fueron super-cojonudos, qué bien nos lo pasábamos ¡coño que éramos muy felices!”  Francamente ( … ya que era época de Franco)  tuvo una juventud privilegiada.
Aquéllos hermosos años ya iban forjando el carácter y la personalidad de nuestro Windy, algo que, junto con su peculiar carisma, determinarían su popularidad a lo largo de su vida. Es curioso constatar los efectos que en las personas producen una sana y fructífera juventud.
No es este el momento de hablar de los éxitos de Los Boys dado que el protagonista es Windy, pero sí es preceptivo, en su memoria, incluir algunos momentos de The Boys, una vez ya definitivamente conformado por: 
Windy: Bajo Eléctrico y Voz (QEPD)
Carlos Urreta: Cantante (QEPD)
Nacho Salmones: Batería y Voz
Juanma: Guitarra Solista y Voz
Pey: Guitarra Rítmica y Voz
 

Así que estos eran los Boys de Windy en los años 60… Unos chavalotes que compaginaban sus actividades escolares y laborales, con sus estudios musicales y sus, cada vez más, numerosas actuaciones y conciertos en: festivales, salas de fiestas, teatros, fiestas sociales, celebraciones locales. Tales actuaciones, les obligaba a una cuasi dedicación plena a la música y por tanto a una continua y acelerada preparación musical. Todo ello con el objetivo de la tan ansiada profesionalidad, en esta su vocacional actividad.
Nobleza obliga indicar que hubo notables y generosos personajes de Los Corrales de Buelna, que mucho hicieron por este grupo… Ya habrá momento en que reciban de nuestra parte su merecido homenaje. Aunque también es bien cierto remarcar que el hecho de vivir en Los Corrales no favorecía, por obvias razones y circunstancias, el desarrollo de un grupo musical, a diferencia de lo que ocurría en Madrid o Barcelona en aquéllos tiempos.
 
Pero como ocurría con cierta frecuenta en aquéllos maravillosos años, el Servicio Militar truncó las ilusiones de unos chavales que ya, con el “Carné de Artistas Profesionales” en sus bolsillos, aspiraban a dedicarse de manera plena, como profesionales de hecho y derecho, a la música. Su cotización en el mercado de la época bien les permitiría vivir de la música. Así que la “Mili”, de algunos componentes del grupo, fue el final de tantos esfuerzos, sueños e ilusiones.
Una vez deshecho el grupo, nuestro Windy (empleado de NMQSA) se dedicó a su actividad laboral y a formar una familia… Y como se casó con una linda chavaluca de Reinosa y como “tiran más dos esas, que dos carretas” pues la moza de Reinosa logró llevarse a Windy a trabajar a la Naval de Reinosa. Allí desempeñó un puesto importante en el Dpto de Seguridad y Condiciones de Trabajo. Es obvio decir que Windy sentó cátedra en Reinosa, las crónicas de la Villa Campurriana lo atestiguan.
Pero Windy siempre fue un “culo inquieto”… Un buen día “La Ford” de Valencia le fichó para su Dpto de Seguridad y Condiciones de Trabajo, donde también logró éxitos profesionales, los cuales le proporcionaron status y un notable desarrollo profesional durante muchos años… Pero aquí no termina la carrera de Windy, ya se sabe: la monotonía fabril; estando, además, lejos de la “tierruca”, pues que lo llevaba fatal… Así que un buen día, aprovechando la coyuntura económica del momento, regresó a su Cantabria natal donde se estableció como empresario… Pero tampoco esto debió satisfacer a nuestro Windy, dado que se embarcó en diversos proyectos profesionales… Hasta que recaló, ya definitivamente, en FCC Construcción donde se jubilaría. 
Es una obviedad decir que en todas las actividades profesionales y lugares donde ejerció, nuestro Windy dejó huella indeleble…
… Un mal día el feliz jubileo de Windy se deterioró cuando le detectaron una muy mala dolencia (a él, que nunca había tenido ni una simple gripe) que en poco meses puso el The End a su vida.
Miguel Ángel (nuestro entrañable Windy) fue una buena persona, despierta, muy espabilada -así le decían los viejos del lugar y sus compañero de trabajo-, inquieta pero a la par “bon vivant”, elegante y con un carisma que le permitía hacer amigos en cualquiera parte y con cualquiera persona. En su familia le valorarán en su justa medida, nosotros lo hacemos como amigos y compañeros.

¡¡¡ WINDY, DESCANSA  EN  PAZ  !!!

 Siempre en nuestro recuerdo y en nuestros corazones…

 Tus amigos, de The Boys, que aquí seguimos (tocamos madera): Nacho, Juanma Y Pey

miércoles, 22 de mayo de 2013

EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI


 
Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), un grupo de prisioneros británicos son obligados por los japoneses a construir un puente. Los oficiales, capitaneados por su flemático coronel, se opondrán a toda orden que viole la Convención de Ginebra sobre los derechos y las condiciones de vida de los prisioneros de guerra. (FILMAFFINITY)

viernes, 17 de mayo de 2013

miércoles, 1 de mayo de 2013

LA TROICA

NOTA
El autor recomienda que para leer esta historia escuchar como fondo de la lectura, la suite:  “Cuadros de una Exposición”, del compositor ruso Modes Mussorgski.
Pero no es requisito necesario para disfrutar de este breve relato.
 
El Museo Thyssen es una maravilla. No tiene cuadros tan espectaculares como los del Prado, sobre todo por sus dimensiones, pero su calidad es similar. En cuanto a la variedad de estilos, épocas y autores, es superior. Abarca desde los clásicos hasta los movimientos y tendencias más actuales. Siempre que voy por Madrid y encuentro una mañana libre, me voy a disfrutar con las obras de arte que allí están reunidas.
La primera vez que visité el Thyssen fue hace diez años, en el 2002. Al entrar en una de sus salas, quedé fascinado por un cuadro; era de los más grandes que hay en el museo.
Por lo general, los cuadros que hay en el no son de grandes dimensiones. Este mide tres metros de largo por dos de alto. El cuadro se titula “La Troica”. Es un paisaje nevado de la estepa rusa en el que se ven tres caballos tirando de un trineo, donde viajan un caballero y una dama. Su realismo es tal que da la impresión de que en cualquier momento los caballos van a salir del cuadro galopando, arrastrando el trineo por las salas y los pasillos del museo.
Su autor es Fiodor Vasilef; uno de los mejores pintores Paisajistas-Realistas rusos. El autor del cuadro estudió en la Escuela de Arte de San Petesburgo. Era de familia noble. Tenía el título de conde. Pintaba por placer, y solamente cuando estaba inspirado. Nunca vendía sus cuadros. Todos los regalaba a sus familiares y amigos, excepto uno al que profesaba especial cariño y lo tenía en el lugar más destacado de su biblioteca. Este autor murió muy joven, hacia el año 1860; por lo que su obra es escasa, pero muy cotizada. En la actualidad sus cuadros alcanzan, en las subastas de arte, precios que pasan de los cuatro millones de euros.
Después de estar más de una hora admirando aquella maravilla, al salir de la sala me fijé en un señor muy mayor que estaba sentado en una silla en la pared de enfrente del cuadro; pero yo no le di ninguna importancia. Unos meses después volví a Madrid y fui de nuevo al Thyssen para admirar aquella pintura. Mi sorpresa fue el encontrarme otra vez con el mismo señor sentado en la misma silla frente al mismo cuadro. Me acerqué a él y comentamos las características y el estilo de la pintura y del autor. Aquel hombre conocía hasta los más mínimos detalles de todo aquello.
Después salimos juntos y, una vez en la calle, me contó la historia del cuadro. Cómo había venido a parar desde Rusia a España. José, que así se llamaba el viejecito, muy amablemente me contó parte de su vida, que en algunos aspectos estaba ligada a la de aquel cuadro.
El Conde Andrei Vasilef vivía en un gran palacio, en San Petesburgo. El palacio lo heredó de su abuelo, el Conde Fiodor Vasilef, el gran pintor de paisajes realistas. Andrei estaba soltero y sus únicas ocupaciones eran las de pasearse por sus inmensas propiedades para cobrar las rentas de sus tierras a los siervos que las cultivaban, a los que, después de pagarle, apenas les quedaba nada para poder vivir. Cuando terminaba el cobro de las rentas, se dedicaba a viajar. En uno de sus viajes a Paris, allá por el 1912, compró un automóvil Renault, de lujo, negro con adornos dorados por todas partes, con aspecto de carroza funeraria, tapicería de cuero, muy grande, con ruedas de goma con cámara de aire y un potente motor que alcanzaba los sesenta kilómetros por hora; algo extraordinario para aquella época. Con aquél coche se paseaba por sus tierras causando espanto entre ganados y campesinos que salían corriendo, asustados, despavoridos al oír los resoplidos, estornudos y explosiones de aquel monstruo negro con destellos de oro, nunca visto por aquellos lares.
El color negro y el brillo dorado del metal, en contraste con la blancura de la nieve de la estepa, destacaban desde una legua de distancia.
Cuando estalló la revolución rusa, a principios del año 1917, el conde Andrei Vasilief, al enterarse de que los bolcheviques estaban ya cerca de San Petesburgo, y que por donde pasaban los revolucionarios acababan a tiros con todos los aristócratas que encontraban a su paso, cargó en su coche Renault los objetos más valiosos que tenía en su palacio y salió huyendo sin esperar a que llegaran a detenerle. Con aquel Renault grande y potente Andrei recorrió toda Europa, que en aquellos años estaba en llamas, envuelta en la primera guerra mundial. Dio muchos rodeos y vueltas para evitar los lugares en que la guerra era más cruenta. No obstante, a veces se veía sorprendido en medio del fuego de ambos bandos. Pero aquel coche era tan duro que las balas no traspasaban la chapa de la carrocería; a lo más que llegaron fue a causarle algún desconchón de la pintura o alguna abolladura. Al fin, tras sortear todos aquellos peligros, recorrer muchos kilómetros, y cruzar numerosos países, consiguió llegar hasta Suiza.
Allí se instaló en Lausana, en el hotel City, un modesto alojamiento donde era fácil pasar desapercibido y no llamar la atención. Metió el vehículo en el rincón más oscuro del garaje del hotel y no volvió a sacarle nunca más de allí.
Sólo volvía al coche cuando tenía que ir a buscar alguna de las joyas u objetos valiosos que guardaba en él, y que iba vendiendo poco a poco para poder vivir.
En el año 1960 José se marchó a Suiza. Aquí en España no encontraba trabajo y tuvo que emigrar para poder subsistir.
En Lausana entró a trabajar en un taller de reparación de automóviles, donde permaneció treinta años, hasta que se jubiló. Después de dejar el trabajo de aquel taller, para no aburrirse y tener algo en que ocupar su tiempo, José, que era un buen mecánico, compró un pequeño local donde se entretenía en restaurar antiguos coches, que compraba en desguaces y chatarrerías.
Un día en que José iba a su pequeño taller, al pasar por la parte trasera del Hotel City, vio como unos albañiles que estaban haciendo obras en el garaje del hotel para ordenarlo y aumentar su capacidad, salían empujando un coche viejísimo, lleno de polvo y telarañas. A José, nada más ver el coche, le picó su afición y preguntó a los obreros dónde llevaban aquello. Los obreros le dijeron que lo iban a dejar allí en la calle hasta que mandaran venir a una grúa para que se lo llevara a una chatarrería. José les dijo que, si se lo vendían, él se lo quitaría de allí gratis. Habló con el jefe de la obra y llegaron a un acuerdo. Fue en busca de una lata de gasolina, la echó en el depósito, se puso al volante y, con la ayuda de uno de los obreros que hizo girar la manivela de arranque, intentaron ponerle en marcha. El coche al principio resopló, estornudó, tosió y, al segundo intentó, arrancó con un estrépito de explosiones que atronaron la calle, hasta que el motor alcanzó la temperatura adecuada, regularizó su marcha y salió pitando hacia el taller de José, que estaba a pocos metros de allí. Iba con su compra más contento que si le hubiera tocado la lotería.
Aquel coche para José era una maravilla, una joya extraordinaria. En realidad mucho más extraordinaria de lo que él imaginaba en un principio. La mecánica del coche estaba perfecta. No así la tapicería de cuero, de la que los ratones apenas habían dejado alguna pequeña muestra. La carrocería y la chapa tenían bastantes abolladuras, casi todas producidas por las balas con las que tuvo que enfrentarse en su viaje desde San Petesburgo hasta Lausana. La goma de las ruedas estaba pasada y agrietada por el tiempo.
Pero todo esto no significaba nada para José. Con sus conocimientos sobre coches antiguos, aquel coche quedaría tal y como estaba cuando salió de la factoría Renault, hacía ya más de ochenta años.
Después de reparar la tapicería, la chapa, la pintura, los faros y poco más, porque el motor estaba perfecto, empezó a trabajar con las ruedas. Buscó los neumáticos y las cámaras apropiadas y se puso a montarlos. Quitó las gomas viejas y colocó las nuevas sin ningún contratiempo.
Pero, al llegar a la rueda de repuesto, se encontró que no tenía cámara. En su lugar había una tela enrollada. Sacó la tela, la extendió, y sus ojos quedaron maravillados al ver lo que contenía aquel rollo. Allí había una pintura bellísima, muy bien conservada, aunque algo arrugada en algunas de sus partes. Aquella tela era el cuadro que tenía en el lugar preferente de su biblioteca el Conde Fiodor Vasilef, el preferido, el mejor que pintó el abuelo de Andrei. Este, al escapar de San Petesburgo, lo había escondido en la rueda de repuesto de su coche. La goma le había protegido a lo largo de aquellos ochenta años que llevaba allí, desde que el nieto del pintor, al huir de los bolcheviques, lo escondiera dentro de aquella rueda que le preservó de cualquier daño, especialmente de los ratones, si no hubiera sido por la goma, habrían acabado con él, lo mismo que hicieron con la tapicería del coche.
José no entendía mucho de pintura, aunque sí de arte; prueba de ello es cómo trataba a los coches que restauraba: siempre con un absoluto rigor artístico. Aquellos coches antiguos, de lujo, se fabricaron bajo normas y proporciones artísticas. No como los de ahora, en los que solo se busca la aerodinámica y la seguridad. Ahora importa muy poco la belleza y el arte. Al mirar aquella pintura, su sentido del arte enseguida le hizo ver que aquello tenía un gran valor.
Buscó a un experto y se la enseñó. El perito le dijo que, efectivamente, era una obra muy valiosa; incluso estaba firmada, y aquel autor era uno de los más cotizados. No obstante, había que restaurarla. Aunque no tenía grandes daños, la pintura estaba resquebrajada en alguna de sus partes por el largo tiempo que había permanecido enrollada y, si no se le trataba a tiempo, al extenderla y estirarla para colocarla en un marco podía echarse a perder.
El problema que se le presentó a José era que la restauración era muy cara. El no quería desprenderse del cuadro, pero no tenía suficiente dinero para pagar la rehabilitación, viéndose en la disyuntiva de quedarse con él tal y como estaba o venderlo. Por fin, tras pensarlo mucho, optó por pedir un crédito a un banco. Ya se las arreglaría él para pagarlo. Lo que él quería era tener el cuadro en su casa y disfrutar de aquella maravilla. Con la ayuda del perito, al que había consultado, buscó un técnico de confianza especialista en restauraciones que, tras varios meses de trabajo, dejó el cuadro como si no hubiera estado encerrado en la rueda del coche aquellos ochenta años. Pero entonces surgió otro problema. La restauración fue tan larga y costosa que el presupuesto inicial se dobló. José ante aquello, con harto dolor y sentimiento, no tuvo más remedio que llevarlo a una casa de subastas para que lo vendieran y poder pagar al restaurador.
El cuadro alcanzó en la subasta un precio elevadísimo. Varios millones de dólares, que pagó un Varón Holandés llamado Heini Thyssen, y lo destinó al museo que acababa de inaugurar en Madrid. José, al enterarse de que el cuadro venía a España, se sintió aliviado del pesar que le produjo el haber tenido que venderlo. Con el dinero de la venta del cuadro compró una casa en Madrid, en el Paseo del Prado, cerca del museo, y se vino a vivir aquí.
Desde entonces José todos los días viene al museo, se sienta frente al cuadro que, en su fuero interno, considera como de su propiedad. Cada día descubre algo nuevo en la pintura; algún detalle o faceta que antes le habían pasado desapercibidas. José pasa allí todas las mañanas, admirando y disfrutando de su hallazgo, completamente feliz de haber colaborado a que aquella maravilla pueda ser admirada por todos los que visitan el museo. Es raro que haya algún visitante que pase de largo y no se fije en aquella obra. La dicha de José llega al máximo cuando escucha los elogios y aprobaciones que todos dedican a…
“Su cuadro”.

domingo, 31 de marzo de 2013

"TEMA DE LARA" DR.ZIVAGHO

Rusia, revolución bolchevique (1917). La guerra civil que sigue a la revolución mantiene al país profundamente dividido. En medio del conflicto, asistimos al drama íntimo de un hombre que lucha por sobrevivir. Este hombre es Zhivago, poeta y cirujano, marido y amante, cuya vida trastornada por la guerra afecta a las vidas de otros, incluida Tonya, su esposa, y Lara, la mujer de la que se enamora apasionadamente. (FILMAFFINITY)

sábado, 30 de marzo de 2013

DIÁLOGO MARCERO 2013

DIÁLOGO MANTENIDO POR EL ALCALDE ILDEFONSO CALDERON Y EL PREGONERO DE LA RONDA MARCERA
 
(Escrito por Juan José Crespo)
 
(La ronda marcera llega al ayuntamiento a las 21 horas. El balcón de la Casona estará vacío y a oscuras, dando la sensación de que el Alcalde no ha venido ha recibir a los marceros.)
 
PREGONERO.-      Hasta aquí nos trajo el viento
                           sin atraso ni adelanto
                           mas, se ve el ayuntamiento
                           más triste que un camposanto.

                           La luz del balcón escasa,
                           temblores tiene el jumento,
                           con este recibimiento,
                           mejor irnos para casa

                          ¿Será posible cuadrilla
                          que hoy no asome el regidor,
                          y no nos dé ni morcilla,
                          nuestro más fiel servidor?
 
                                     ***
 
                          Por fuerza será sordera,
                          pues, solía decir la abuela,
                          que gente de entendimiento,
                          educada en noble escuela,
                          en cuanto pilla la silla
                          de cualquier ayuntamiento,
                          necesita trompetilla
                          para las entendederas
 
                                       ***
 
                          Tenga a bien, maestro Castillo,
                          ordenar con grito fuerte,
                          que la autoridad despierte
                          y se asome al balconcillo.

CORO.-              ¡Señor Alcalde,/ despierte, despierte,
                         que los de esta plaza/ venimos a verte!

                         (El alcalde se asoma al balcón)

ALCALDE.-          ¡Otra protesta de obreros!
                          ¿De qué empresa será el ERE?

PREGONERO.-      Nosotros somos marceros
                           no el cólico miserere.

ALCALDE.-           Presto soy, y bien dispuesto,
                           a escuchar tan noble gente,
                           pues, si me quedé traspuesto,
                           ahora estoy divinamente.

                           Dormido quedé, en efecto;
                           mientras se marchaba el Papa
                           que ha culminado una etapa
                           de peliagudo trayecto.
 
PREGONERO.-      Para poder yo creer
                           que el Papa cruzó la línea,
                           o hubo transfusión sanguínea
                           o, sino, no pudo ser.
 
ALCALDE.-          No seáis irreverente,
                           con quien merece alabanza,
                           pues a Papa sólo alcanza
                          el más santo entre la gente.
 
PREGONERO.-      Perdóneme usted la chanza,
                           pretendí ser ocurrente.
                           Magnífica es su alabanza
                           para el devoto creyente.

ALCALDE.-           De santo, poeta y loco
                           todos tenemos un poco.
 
PREGONERO.-      Pues a mí, si me examina,
                           tela falsa y tela fina.

ALCALDE.-           Voy a ver si me sereno,
                           que he terminado un programa
                           que mañana pasa al pleno
                           y hoy estoy viviendo el drama.
 
PREGONERO.-      Relájese, amigo mío,
                           y navegue en su canoa,
                           saludando aloa, aloa,
                           mientras baja por el río.

ALCALDE.-           Habrá otras generaciones,
                           si no arrojo la toalla,
                           que verán por el Besaya
                           más de un banco de salmones

                           Mas, no es de naturaleza
                           de lo que yo estaba hablando,
                           sino más bien meditando
                           sobre aciertos y certezas.

                           Por más que hago concesiones
                           y trabaje con ahínco,
                           quince me dan pescozones,
                           al ser diez de veinticinco.

                           Para ser nutricionista
                           me bastó la vocación,
                           la política es distinta
                           te juzga la oposición.

PREGONERO.-      Atisbo por vuestro hablar
                           que nadáis contra corriente
                           y sería muy conveniente
                           que os dejaseis llevar

                           Agrade usted de mil modos,
                           eche las penas al aire,
                           que no habrá mejor desaire
                           que confundirlos a todos.

ALCALDE.-          La política es sumar
                           uno más de la mitad.

                           Cuando esta premisa falla
                           hay que buscar el consenso
                           a base de entendimiento
                           y sabiendo dar la talla.

PREGONERO.-      Para que el pueblo le quiera,
                           aspire a hacerse querer,
                           y así podrá recoger
                           el amor que mereciera

                           Ganarse a la oposición
                           no es fácil, es su adversario.
                           Gánese usted al vecindario,
                           con trabajo y corazón.

ALCALDE.-          Yo que tengo buen humor,
                           me nacen malos humores,
                           si se arriman los dolores                           
                           usted será mi asesor.
 
PREGONERO.-      Mejor se busca un doctor.

ALCALDE.-           ¿Quién es usted? ¿Quién puede ser?

PREGONERO.-       Uno que no dio en crecer.

ALCALDE.-           No lo diréis por la lengua...

PREGONERO.-      No se crea, a veces mengua
                            si vos la echáis a pacer.

ALCALDE.-          ¿Habéis bebido en exceso?

PREGONERO.-     ¿Cómo podéis pensar eso?

ALCALDE.-           No se me ocurre otra cosa.

PREGONERO.-     Sólo he bebido gaseosa.

ALCALDE.-         ¿Y si os diera al momento
                         vino y alguna aceituna?

PREGONERO.-     Yo me iré bebiendo el viento
                           y comiéndome la luna.

ALCALDE.-         Este alcalde no censura
                          a quien bebe un vino añejo,
                          pues bebiendo con mesura
                          se llega mejor a viejo.

PREGONERO.-     Y bebiendo con hartura
                          como nos luce el pellejo

ALCALDE.-           La burra parece inquieta,
                          ¿Es acaso primeriza?

PREGONERO.-      Huele como una mofeta,
                           nos la trajimos de Suiza

ALCALDE.-          Ante vosotros me inclino
                           porque venís sin careta.

PREGONERO.-      La botella de buen vino
                           no precisa de etiqueta

ALCALDE.-          La marza no es carnaval,
                           pues llagáis dando la cara

PREGONERO.-     Si alguno se pone a mal
                           le enseñaremos la vara

ALCALDE.-          ¡Qué hermoso es pedir cantando!

PREGONERO.-     Es más rentable estafando

ALCALDE.-          Se termina por ser preso

PREGONERO.-     No estoy yo seguro de eso.

                           El que bien roba bien vive
                           y por siempre va de honrado,
                           pues todo queda olvidado
                           y sí no queda, prescribe.

ALCALDE.-         Abunda mucha codicia,
                           negarlo sería torpeza,
                           pero tengo la certeza
                           de que existe la justicia.

PREGONERO.-       Pues que de caca de perro
                            la calle tenemos llena,
                            haga usted cumplir la pena
                            metiéndole al dueño un puerro.

ALCALDE.-           Soy de su misma opinión:
                            tan repugnantes despojos,
                            que a uno le nublan los ojos,
                            merecen una sanción.

                            - Lo digo con enteraza:
                            quien incurra en desacato
                            y no recoja el “boniato”,
                            lo sufrirá con crudeza.

PREGONERO.-       Sois tan noble y tan humano,
                            regidor de nuestra aldea,
                            que siempre que abrís la mano
                            va y nos toca la pedrea.

ALCALDE.-           Cómo yo os lo diría,
                            sin lagrimas ni puñales,
                            mal está la economía
                            para todos los mortales:

                            La caja fuerte vacía,
                            no queda plata ni cobre,
                            pero al clarear el día
                            algo te daré en un sobre.

PREGONERO.-       Sólo su agradecimiento,
                            que ayer ya nos dio Cagigas
                            un señor plato de ortigas
                            camino del parlamento.

                            Entre lo mucho y lo poco,
                            vos estáis en la mitad,
                            lo mismo que la virtud,
                            no será casualidad

                            No pediremos caudales
                            a quien no pone cadenas

ALCALDE.-           Repartiré libertades
                           a manos llenas

                           ¡VIVA LOS MARCEROS!

CORO.-              ¡VIVA!

PREGONERO.-   ¡VIVA EL ALCALDE!

CORO.-               ¡VIVA!

PREGONERO.-   ¡VIVA TORRELAVEGA!

CORO.-             ¡VIVA!

PREGONERO.-  ¡VIVA CANTABRIA!

CORO.-             ¡VIVA!

(ESTE PREGÓN SE TERMINÓ EL DÍA 18 DE FEBRERO DE 2012 AUTOR: JUAN JOSÉ CRESPO)