viernes, 4 de noviembre de 2011

FIESTAS DE LA VIRGEN DEL CAMINO

M O L L E D O
FIESTAS DE LA VIRGEN DEL CAMINO ( 2005 )

P R E G O N

Precioso Valle de Iguña
que tienes en ti a Molledo
como está siempre la uña
lo más unida a su dedo

Al dedo de Nuestra Señora
Madre, Virgen del Camino
que señala desde otrora
la senda al buen peregrino

Molledo, de lo más devoto
con su Virgen del Camino
tiene desde muy remoto
el reconocimiento divino

Qué admirable resulta a los visitantes el poder comprobar la singular devoción de las gentes de este maravilloso, fértil e histórico valle con su patrona, puesta una vez más de manifiesto en la solemne procesión que momentos antes se celebraba, en una verdadera exaltación de fe que viene desde muy antaño y que en los tiempos que corren, nada sobrados en lo que a valores fundamentales de las personas se refiere, alcanza en Molledo una muy alta dimensión humana y espiritual.

Como bien se dijo aquí en su día, las fiestas en honor de Nuestra Señora la Virgen del Camino representan cada edición una nueva piedra en la fantástica construcción de su trono, que es el propio pueblo de Molledo, consiguiendo año tras año que sea más firme, sólido y deslumbrante.

Haciéndole lo refulgente que también resultan esos hermosos versos que hace tres décadas dedicaba el entonces director de El Diario Montañés a la Patrona del Valle de Iguña, de los cuales entresacamos:

Señora, porque Tú sabes
del dolor del peregrino
haz que resulten suaves
las durezas del camino

Con el timón de tu mano
y con tu maternal mirada
un resplandor soberano
da firmeza a mi pisada

Que así iré con alegría
paso firme, afán divino
al ser Tú quien me guía
Señora, por el camino.
Por este camino de la Cuenca del Besaya que ante el acontecimiento nacional que representó el Xacobeo 2004, hay que recordar cómo en la recuperación de los Caminos a Santiago de Compostela el Consejo Jacobeo Español le incluyó como nexo entre el Camino de la Costa y el Camino Francés, reconociendo oficialmente que el municipio de Molledo forma parte de las rutas jacobeas hispanas; basándose para ello en la existencia real del Santuario de Nuestra Señora de la Cuesta, con su hospital para transeúntes y peregrinos, en Los Corrales de Buelna, y en la ermita de Nuestra Señora del Camino, en Molledo.

Una ermita en la que se venera con inusitada fe a la Virgen del Camino desde que se apareciera dos veces en sus inmediaciones hace cuatro siglos, en un anuncio inequívoco de que deseaba convertirse en Patrona del Valle de Iguña; y mayor rango para este camino gracias al testimonio fehaciente de antigüedad y significado mariano que constituye el templo.

Molledo, lugar de paso, suele oírse algunas veces con gran desconocimiento de su larga y prominente historia, marcada en buena parte por una comunicación que se remonta a la época romana y tiene su fiel exponente en los restos que aún existen en el municipio de la calzada que comunicaba la ciudad de Julióbriga (Retortillo) con Portus Blendium (Suances); por otra vía de comunicación, el Camino Real, que tuvo una importancia vital en el comercio con América, facilitando el transporte de cereales hasta el Puerto de Santander en caravanas de carros y ganados; y que se vio complementada en el siglo XIX con el ferrocarril, siendo Molledo uno de los primeros lugares de esta región a donde llegaría el mismo, corroborando su importante emplazamiento en las comunicaciones con el resto de España, lo que le ha dado siempre un nombre y relevancia que para sí quisieran multitud de lugares medio ignotos.

Y es que su ubicación en tan importante ruta nos lleva a recuperar algunos datos que parecen perdidos en el tiempo, como era hace casi dos siglos la oferta de la compañía La Castellana de viajar en diligencia de Santander a Valladolid en treinta horas, comiendo en Molledo, cenando en Osorno y desayunando en Palencia. O el paso por aquí de Carlos V, que recuerda la Casa de los Tiros, donde se hospedó el emperador el día 16 de julio de 1522, festividad de Nª Sª del Carmen, tras su desembarco en Santander y en ruta hacia Castilla con un gran séquito de soldados y un largo convoy de 74 piezas de artillería de toda clase y calibre, dejando tres de ellas como recuerdo de su alojamiento en Molledo, elegidas como símbolo del escudo municipal.

Molledo, representativo en tantos aspectos de una Cantabria antigua y profunda, enriquece su plano histórico con ese Monumento de Interés Histórico Artístico que es la iglesia de San Facundo y San Primitivo de Silió, del siglo XII, una joya arquitectónica del más genuino estilo románico de Cantabria, construida sobre un monasterio que se fundó el 2 de febrero del año 938, por privilegio del Rey Alfonso VI, siendo entonces uno de los más importantes de España.

Pero los artífices de los trazos que más resaltan en el plano histórico de este municipio abierto, alegre, sabio y fecundo, deben ocupar un lugar preponderante en el recuerdo, por su inestimable aportación al Molledo de hoy.

Molledo, antiguo y señorial, elegido por relevantes personalidades para el descanso, tanto por su particular belleza paisajística como por su vida apacible, ha sido cuna de personas ilustres que le han distinguido siempre de forma excepcional. Entre ellas, Sixto Gutiérrez Cueto, capitán de fragata y fundador de ciudades; César Silió, ministro de Instrucción Pública de Alfonso XIII; Gil de Siloé, autor de los sepulcros de Juan II y del infante D. Alfonso; Jorge Bustamante, traductor de importantes obras literarias; Fidel García Lomas, diputado en gran número de legislaturas y que se acreditó como uno de los más sabios juriconsultos de su tiempo; su hermano, Juan Manuel García Lomas y García del Barrio, nacido en Molledo el 23 de junio de 1826, donde falleció el 5 de agosto de 1870, y que fue uno de los mejores ingenieros navales que ha tenido España, bajo cuya dirección se construyó la fragata de guerra Villa de Madrid, botada en 1862 y que formó parte de la escuadra que a las órdenes de Méndez Núñez combatió en la Guerra del Pacífico; el descendiente de éstos, José Mª García Lomas, director general de Ferrocarriles y Transportes…

Capítulo aparte merece el poeta Evaristo Silió, nacido en Santa Cruz el 26 de octubre de 1842. Pudo ser uno de los grandes poetas españoles de no haber truncado su vida una enfermedad cuando tan solo tenía 31 años. Así lo avalan nuestros eminentes literatos Marcelino Menéndez Pelayo y José María Cossío, prodigándose en elogios sobre su obra e ingenio. Silió, el lírico de arpa más laboriosa del siglo XIX fue cantor de su tierra, siendo su musa melancólica como las tinieblas que cubren los picachos de estos valles, según refería un historiador cántabro.

Lo mismo hay que decir del ilustre marino Joaquín Bustamante y Quevedo, nacido también en Santa Cruz cinco años más tarde. Participó valerosamente en diversas e históricas contiendas navales, dentro de una meteórica carrera militar en la que a su vez destacó por sus trabajos científicos, concediéndosele en 1881 tres Cruces del Mérito Naval y llegando a ser Comandante de Marina y Jefe de Estado Mayor de la Escuadra del Almirante Cervera.

Pero, sin duda alguna, el hijo de Molledo más insigne y universal es Leonardo Torres Quevedo, “el más prodigioso inventor de su tiempo”, que en 1918 llegó a rechazar la cartera de ministro de Fomento que le ofreció el marqués de Alhucemas.

Se cumplen por estos días catorce años de que este pregonero informaba en la prensa regional sobre la entrega en Molledo del Premio “Leonardo Torres Quevedo”, en su quinta edición, a The Niagara Parks Commissión, una institución gubernamental de la provincia de Ontario (Canadá), bajo cuya jurisdicción se encuentra el “Niagara Spanish Aerocar”, transbordador sobre el río Niágara del ilustre ingeniero y científico iguñés de Santa Cruz.

No deja de ser verdaderamente asombroso que tras su inauguración el 15 de febrero de 1916, dicho invento, concebido y experimentado en Molledo sobre el río León, continue aún en funcionamiento a pesar de la notable evolución tecnológica experimentada a lo largo de casi un siglo, habiéndose convertido en uno de los medios de transporte público más antiguos del mundo y que continua siendo una gran atracción turística tras haber aportado distracción y disfrute a millones de visitantes, llevando desde el principio incorporada en su nombre la palabra España.

¡Cuánto tiene Molledo en su haber¡.Cuánto debieran fijarse otros pueblos en la defensa a ultranza de sus tradiciones y costumbres para conservar sus raíces y principales señas de identidad, que constituye un vivo ejemplo en esta Comunidad Autónoma.

Ahí está La Vijanera, primer carnaval del año y llamativo rito ancestral relacionado con las fiestas paganas de los romanos en el culto que rendían al Dios Jano para que protegiese sus rebaños y los límites del pueblo, una escenificación catalogada como Fiesta de Interés Turístico Regional que cada primer domingo del año reune en Silió a miles de visitantes.

Ahí está “La Maya”, que cada 25 de julio, festividad de Santiago Apóstol, es levantada en la plaza de dicho pueblo por los jóvenes. Una cucaña formada por el ensamblaje de los mejores ejemplares de la especie arbórea por excelencia del extenso y frondoso monte Canales, el valioso roble, buscando quizás con su altura de treinta metros ese dominio visual que tiene el Pico Jano, testigo mudo de una, parece, inundación de todo el valle hace ocho siglos.

Ahí están las ferias de ganado, un evento ganadero que en el caso de la Feria del Camino se remonta, como poco, a dos siglos antes, ya que a mediados del siglo XIX figuraba en una relación de ámbito nacional y con una duración de tres días. En ella se vendían hace un siglo las vacas en reales, a un precio hoy equivalente a sesenta céntimos de euro. Cabañas amplias de vacas tudancas bajadas de las brañas a la Feria del Camino, al igual que se hará mañana en una demostración evidente del empeño de este pueblo por conservar la raza autóctona. Cabañas de ganado de otras razas, luciendo todas ellas en Madernia los grandes campanos terciarios, hechos muchos de ellos por afamados artesanos de este pueblo, cuyas obras han llegado a diversos puntos de Europa e incluso de América. Los buenos campanos han venido pasándose entre generaciones, de forma que,

El que era de mi güelo
que está en la gloria
lo jorrico tó los días
pa tenelo en la memoria

Ahí están los bolos, otra apuesta de este municipio porque no decaiga en ningún momento el vernáculo deporte. Se disputaba esta tarde el XVI Memorial Juan Alvarez, que fue presidente de la Federación Cántabra de Bolos y que en vida, desde su condición de hijo de este pueblo, tanto aportó a las fiestas con numerosas y muy brillantes colaboraciones en los programas, con un claro testimonio en cada una de ellas del inmenso amor que profesaba al mismo. Fue una gran autoridad en el mundo de los bolos y resulta fascinante cómo describía tan antiguo juego:
“La combinación indudable de habilidad y virilidad, la conjunción imprescindible de concentración física y mental, el enfrentamiento individual con unas dificultades preestablecidas, encuadran los bolos como un juego que encierra en sí ese aliento anímico que le hace imperecedero”. ¡Que magistral definición¡.

Así es Molledo en la defensa de sus tradiciones, bien sea en cualquier momento del año, bien en el marco de unos festejos de lo más enraizados en el sentir popular.

Así es Molledo, un cántico a la naturaleza, reflejado en su fauna y en su flora, con árboles singulares y su pertenencia a la Reserva Nacional de Caza del Saja, a la vez que antesala de este Paisaje Sobresaliente del Inventario Nacional.

Así tiene escrito Molledo un brillante pasado bucólico de excelentes y variadas producciones en sus tierras de Santa Cruz, Helguera, Cobejo, San Martín de Quevedo, Silió, Santa Olalla y la capital del municipio, bañadas por el río Besaya y sus afluentes. Aunque no cabe tanto lo de un Molledo meramente rustical, ya que este municipio tuvo bastante que decir en la industrialización de Cantabria. En 1650 se construyó una ferrería en Helguera que llegó a producir 2000 quintales, unas 150 toneladas. En el siglo XIX se contaba con varias fábricas de harinas, así como alguna de queso, como era el caso de “La Tierruca” en San Martín de Quevedo, llegándose a producir a principios del siglo XX en Molledo 100.000 kilogramos de queso al año, el mayor volumen de toda la región. Lo mismo hay que decir en cuanto a la obtención del cobre partiendo de otros minerales, ya que también existió una importante actividad minera. Luego se contó con una serrería, una fábrica de muebles, y cómo no, con Hilatura de Portolín, con más de un siglo de existencia y que ha venido sufriendo en tan larga trayectoria continuos vaivenes del mercado, encontrándose en estos momentos en una situación crítica y con un futuro muy incierto, debido a una despiadada globalización y fortísima competencia de los países del Este. Molledo no puede resignarse a perder una actividad industrial de más de una centuria, así como así. Su inestimable aportación a la mejora de la economía de nuestra tierra durante tantos años es clarividente, por lo que el Gobierno de Cantabria debe sin más dilación buscar una alternativa para que este municipio cántabro no experimente en modo alguno más pérdida de puestos de trabajo que los que desde hace años le vienen afectado por la recesión industrial de la comarca del Besaya. ¡Así lo reclamamos todos, hoy, en voz muy alta, en sus fiestas patronales¡.

Esto es Molledo, con su pasado y su presente, con sus gentes nobles, sanas, alegres y generosas, de cuya amistad goza este pregonero por haber convivido con muchas de ellas desde niño, en los estudios y en el trabajo, teniendo ocasión de comprobar la sublime pasión que todos los iguñeses ponen en sus fiestas de la Virgen del Camino.

Los iguñeses en mi vida
tienen marcada su huella
borrarla sería una herida
nunca renunciaré a ella

Desde la apremiante necesidad que tiene el cuerpo y el espíritu de un alto en el agobiante cotidiano, vayamos dando paso a la fiesta, sumándonos todos a la alegría imperante por el bullicio y la diversión, con la cita de un bonito verso de Evaristo Silió en un día como este:

Hoy es fiesta, hay romería
delante de mi balcón
huya ante tanta alegría
la eterna melancolía
que me oprime el corazón

Vayamos dando paso a un amplio, selecto y fantástico programa de fiestas de Nuestra Señora la Virgen del Camino, que convierten a Molledo en punto de encuentro de una de las fiestas populares de mayor arraigo en Cantabria.

Es un programa de fiestas
lleno de cariño e ingenio
no las hay como estas
ni las habrá en el milenio

¡ VIVA LA VIRGEN DEL CAMINO ¡
Paulino Laguillo García-Bárcena.

No hay comentarios:

Publicar un comentario