viernes, 12 de marzo de 2010

CENTENARIO DE LA SALLE DE LOS CORRALES

ESPLENDOR (PRIMER ACCESIT)
Javier García González


Y empecé a darme cuenta, entonces,
de que ser de La Salle era un don
de Dios”


Hoy se cumplen cien años de una historia,
de una de las historias más hermosas que recuerdo,
cuando Los Corrales era un pueblo con cien casas,
una fábrica, tres molinos, una fuente y una plaza.

¡Han llegado Los Hermanos! ¡Los Hermanos de La Salle!
¡lanzádlo a los cuatro vientos para que se entere el valle!
aunque no viví en aquellas fechas, lo imagina el pensamiento,
perdonad si me emociono, perdonad mi atrevimiento.

Yo quisiera asegurar que aquél día del encuentro,
salió con más fuerza el sol y fue menos más rosado el cielo,
que doblaron las campanas y se alegró todo el pueblo,
que cientos de palomas blancas les dieron la bienvenida,
que aquella primera noche más brillaron los luceros

Después pasados los años, la enseñanza que impartían
se notaba en Los Corrales y demás pueblos cercanos,
lo decían con orgullo aquellos niños de antaño:
¡cuándo llegará septiembre para ir a los Hermanos!

Sucedió en abril, dos siglos antes de esta historia,
cuando un hombre llamado Juan Bautista de La Salle,
hizo posible todo esto que hoy os estoy contando.

La Salle es una casa con mil puertas,
unc olegio, una familia; el mismo puerto
con inquietos muchachos esperando
el barco que los llevará a un mundo nuevo.
es el beso del sol en sus paredes,
es la imagen de la Virgen en sus centros,
es la meta de unos hombres recordando
que allí hay un íntimo rincón siempre dispuesto.

La Salle es la luz, la vida, la esperanza,
de los jóvenes que margina la pobreza,
sabiendo, con certeza, que no en vano
el esfuerzo del trabajo día a día
al final les pagará su recompensa .

Es la esencia de la flor en primavera,
la fórmula que nos acerca a lo divino,
son los patios salpicados de nostalgia
que sellaron nuestros juegos cuando niños.

La Salle es una fuerza interior que nos empuja,
por los caminos que marcan los linderos,
y nos llena de paz y de alegría
yo no sé si ignorándolo o sabiéndolo.
Es competir en buena lid lo deportivo,
mientras muere la tarde y es el eco,
fevolviéndonos palabras que, quién sabe,
cuántas veces de victoria o de lamento.

La Salle es, además, una campana,
el tic-tac de un reloj marcando el tiempo,
el rumor callado de una clase,
puede ser la canción de una muchacha,
o silencio, oración, recogimiento,
o el infantil y alegre vocerío
de los niños saliendo del colegio.

La Salle es la palabre permanente,
que está llena de valor y de nobleza,
es entrega, sacrificio; es una fiesta
que invita a todos a vivir en convivencia.

La Salle es la salida para el alma.,
que flota sobre aguas turbulentas,
apartándola de los peligros y flaquezas,
acercándola a remansos y riberas.
Es el faro que nos guía y nos alumbra,
en la vida, en los días de tormenta,
nos da aliento cuando surgen los fracasos
y a Dios paso a paso lentamente nos acerca.

Yo sé que si os hablo de estas cosas,
de estas crujientes vigas de estos techos,
de esta plegaria que sube tarde a tarde,
desde las aulas del colegio hasta los cielos
es porque escucho todavía, el ritmo
de un corazón para el amor latiendo.
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Sí fui niño yo también y por La Salle pasé,
se amontonan mis recuerdos, poco a poco os contaré:
quiso el cielo reservarme, para mí, una humilde cuna,
¡allá entre las verdes tierras! ¡por fondo el valle de Iguña!
eran tiempos muy difíciles a mi padre yo le oía,
hay que trabajar muy duro todo el año y día a día.
¡Dios mío que poco dinero y solo estamos a diez!

Contaba con nueve años, los cumplí el pasado invierno,
está próximo septiembre, esta vez trae algo nuevo;
una tarde sin querer lo escuché desde la calle,
al pequeño hay que mandarle al colegio de La Salle.

En un amanecer claro y risueño, camino de una estación,
yo me subía en el tren todo lleno de emoción;
muy lejos ya de mi aldea, entre las hoces perdido,
desde el vagón contemplaba la carretera y el río.

De aquellos primeros días que hoy nos quedan tan lejanos,
los del pueblo me decían: ¡vaya suerte a los Hermanos!
Corriendo del bullicioso patio, dejábamos todos los juegos,
al toque de la campana, formando en fila muy quedos:
se hacía la entrada a clase en un solemne silencio,
atentos de pie ante el pupitre, devota oración ofreciendo.

Cristianamente educaban, disciplina y seriedad,
y mucho amor al alumno, ¿quién podría pedir más?,
tenían un dos especial todas sus explicaciones,
por eso aprendíamos todos sin problemas las lecciones;
esta vez le toca el turno al Hermano Visitador,
estamos un poco nerviosos y hasta con algo de temor,
tengo la tarde de suerte, puedo al final sonreir,
he ganado con mis respuestas seis barras de regaliz.

Siempre los primeros viernes al comenzar cada mes,
a mi Dios yo le imploraba me diera fuerzas y fe;
practicando los deportes, uno marcaba mi estela,
era mi pasión el futbol cuando fiché por la Estrella.
¡Madre Santa Inmaculada! ¡Nunca lo podré olvidar!
que fue en el colegio de La Salle donde te empecé yo a amar;
mi niñez quedaba lejos, cuarto y quinto terminé.

Pasado ya aquel verano, empezaba en Aprendices,
¡ah, juventud dorada de aquellos años felices!,
medio día con los libros, otro medio en el taller,
un mes y otro mes pasaba sin tiempo apenas perder.
¡En Pedreña de ejercicios! ¡más cerca del mar y del cielo!
en mis rezos a la Virgen yo le pido aliento y celo.

Los de La Salle en las Forjas, de blanco en el campo están,
entre amarillos y azules dan gloria al Patrón San Juan;
l público se emociona y nos aplaude a rabiar,
son días de fiesta y rosas, con fechas para grabar.
n prácticas de ajuste y torno, con un orgullo especial,
diré que un aprendiz de mi época llegó a campeón regional.

Los años iban pasando dieciocho cumplí ya,
comenzaba con tercero, segundo quedaba atrás;
llegó finales de junio y también la despedida,
con un adiós al colegio y un poco triste en el valle,
veo ondear sobre el cielo el emblema de La Salle.
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Hoy os escribo a vosotros los que un día
tuvisteis que marcharos del colegio,
ni mejor ni peor ni grande ni chico,
sencillamente porque allí se cumplió en tiempo;
os invito a que volváis de vez en cuando
aunque algunos quizás se encuentren lejos
pero, estoy seguro, conservarán aquella etapa
muy cerca, en los lazos del afecto.
Volved esperanzados sin nostalgias,
-la nostalgia es el lastre de los viejos-,
de las recias aldabas, llamad fuerte
porque en La Salle no caben los desprecios,
y no os deis por vencidos si alguien dice
que olvidó vuestro nombre.
En un momento se rasgarán los dedos de la duda
y los brazos serán arcos abiertos.

Regresad como fieles golondrinas
a los nidos de antaño sin recelo,
abiendo que allí está para vosotros
l colegio que dio vida a vuestros sueños,
confortando cansancios y derrotas
sin desvelar motivos ni secretos.
Demostrad con la fuerza del cariño
el brillo de los nobles sentimientos
y madurad agradeces de esperanza
con el dorado mosto del reencuentro.
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Han pasado cien años más por estos valles,
El amanecer ha puesto un azul intenso
En el bellísimo cielo que se refleja
An las aguas del Besaya, un viento breve
Mueve las copas de los robles y los pinos;
Hay una perfecta calma en esta hora del alba…
El sol tímidamente va asomando entre montañas,
Vuelve la vida al pueblo. Por el horizonte viene
Aquel tren que me acercó un día a Los Corrales,
Unos niños se apean muy felices y contentos,
Un himno entonan que va rompiendo el silencio,
¡es el himno de La Salle!¡que cantaban sus abuelos!

La Salle, ya lo veis, después de tanto
es solo un corazón. Pensad en ello;
del recuerdo y gratitud de este colegio,
ha nacido en el fondo de mi pecho, con amor
para San Juan su fundador, este soneto:

¡oh, Señor! Yo también tuve la suerte
de pasar por tus aulas siendo niño,
y allí aprendí a forjar aquel camino
que ha de seguir mi vida hasta la muerte.

En tu sabia palabra hallé dulzura
y vi mi oscuro mundo color rosa,
llegando a comprender esa otra cosa
tu obra.., llena de luz y hermosura.

Tú llenaste mis sueños de esperanza,
me invitaste a vivir con fe cristiana,
me ofreciste tu amor y confianza.

Desde el dulce hogar cada mañana
te doy gracias, Señor, y a Dios le pido
La Salle siga siendo… pura y eterna llama.

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