martes, 8 de octubre de 2013

Pedro J. Mª Campuzano Gómez (MEMORIAS DE UNA VELO-SOLEX) - EPÍLOGO

 

Procede concluir esta historia capitulada (de una VeloSolex, de Nany y de otros importantes personajes) con un relato que su protagonista, Tito Lily, contó a nuestro hermano Juanma una tarde, ante unos cafés y unos chupitos de caña de guindas… Lily lo contó, Juanma lo escribió y Pey lo adornó.

Héroes del Valle de Buelna, del Siglo XX
 
Una Ruta en VeloSolex

- Época: Verano del año 1960, mes de Julio.
- Ruta-desafío: Los Corrales de Buelna (Santander) => Aldea Nueva del Codonal (Segovia)
- Distancia: en torno a 300 Km
- Vehículo: VeloSolex Orbea.
- Piloto: El Tío Lily (Miguel Ángel Rodríguez Sasián).

 
 
La historia es la siguiente…
Nuestro protagonista, Miguel Ángel (Lily) Rodríguez Sasián , tenía a la sazón a su hermana Fita casada con Don Ángel, Maestro de Escuela de los de antes, y estos vivían en un pueblo de Segovia donde él ejercía de Maestro Nacional. Pero a principios de 1960 la Superioridad Académica destina a Don Ángel a los Corrales de Buelna, para ejercer de Maestro en el curso 1960-1961. Su cuñado Lily una vez enterado del cambio de destino de sus familiares y con el objeto de ayudarles en su traslado, planeó desplazarse desde Los Corrales hasta el pueblo de Segovia donde residían su hermana y esposo cuando llegase el momento de materializarse el traslado. Lily, excelente técnico mecánico en NMQSA y hombre muy dispuesto y polivalente, deseaba ayudar a su familia en todo lo concerniente a la mudanza, lo cual implicaba, naturalmente, el obligado embalaje y acondicionamiento de los enseres y elementos propiedad del matrimonio que, una vez finalizado el Curso 1959-1960, debían trasladarse al nuevo destino.
Es pertinente reiterar, que nuestro protagonista ha sido y es una persona muy amañada y notablemente hábil en cualquier actividad manual y/o mecánica, por tanto una ayuda muy estimada y apreciada para el Maestro de Escuela y su esposa. Hay que remarcar que, especialmente en aquélla época, las dificultades de un traslado familiar tan distante eran notables a la par que ardua y costosa la tarea. Fue por ello que Lily no se lo pensó dos veces y decidió ponerse en camino hacia su destino segoviano y allí echar una mano a la familia, gesto notablemente generoso por su parte, así es Lily.
Pensad que las alternativas para realizar el viaje en aquél entonces, no era muchas. Había algunas, pero la lentitud y la dependencia de otros (trenes, autobuses, …) era algo lento y engorroso, lo cual no iba con el carácter de nuestro inquieto y entusiasta Lily. Hoy en día es muy fácil recorrer España de extremo a extremo, pero en aquéllos “maravillosos 60” no era tan sencillo, ni tan rápido. Por ello nuestro héroe, con un par, no se complicó la vida y dijo: “para qué buscar alternativas menos eficaces... si yo poseo un vehículo motorizado”.
Miguel Ángel Rodríguez “ Lily “ era propietario de una Velo Solex perfectamente cuidada, mantenida y, en su cualificada opinión, equipada para cualquier singladura. Esta la había comprada de segunda mano en el año 1957, pero sus meticulosos cuidados la tenían como nueva. Así que, con espíritu aventurero y notable entusiasmo determinó acometer su aventura motera, aunque consciente de que la empresa no iba a ser nada fácil. Debemos considerar que este modo peculiar de viajar, hasta su destino, era para él la opción más barata y más rápida (entienda el lector la importancia de “barato” y “rápido”, en años aquellos) por ello su empeño en realizar el viaje en su bicicleta motorizada.
Hasta entonces las rutas de más largo recorrido, realizadas por Miguel Ángel con su VeloSolex, habían sido a Suances la playa más cercana al Valle de Bulena con nuestra tía Juanita (antes novia y a la sazón esposa) detrás, en el soporte. Estos recorridos implicaban, debido a las dificultades de las carreteras de entonces, marchar a veces a motor y a veces de pedaleo… ¡Tilín, Tilán…! o como sea la onomatopeya que define un pedaleo de pedales bien engrasados. Vamos, que lo habitual para Lily era recorrer en su Velo los pueblos y Villas de los alrededores del Valle de Buelna, no más.
Una vez tomada seriamente la decisión de acometer el viaje, Lily se sometió a un entrenamiento y ensayos previos con el objeto de calcular sus posibilidades y estimar los riesgos potenciales. Una persona como Lily nunca saldría de casa sin estar convencido del éxito. Como era obvio, pues bien conocía la determinación y carácter voluntarioso de su marido, su santa esposa Juanita le dio el visto bueno a la singladura, pues no le quedaba otro remedio.
Nota sentimental: Mis tíos, Juanita y Lily, llevaban apenas un año de casados y fue este vuestro servidor-narrador, que hizo su Primera Comunión el día de su boda, quien portó Las Arras en la ceremonia nupcial… Era abril de 1959… ¡Qué fiesta más bonita!. Hermosos recuerdos de aquella boda religiosa, como Dios manda, y el correspondiente banquete y fiesta, con baile incluido, en el Salón Buenos Aires (Cine y Sala de fiestas) de “Quico el Churrero”, el afamado Salón del pueblo, de aquél entonces… ¡Qué recuerdos!


Lily y su esposa Juanita( nuestra Tía ), en 1959
Sigamos… Llega el día de la salida, ya todo preparado y con rumbo a lo conocido ¡Señores, que el mundo sigue siendo redondo!…Y sin revuelo de gran prix, sin cronista, sólo con la moral muy alta, partió a las cuatro de la tarde (se adelantó a los toreros, pero ese es otro cantar y otro contar)… Sobre la rueda trasera de la Velo, dos carteras, cual alforjas, en su rígido metálico soporte… En una de ellas, una lata con dos litros de gasolina mezclada con aceite (provisión de combustible, necesaria); en la otra, el generoso bocadillo de tortilla cocinado por Juanita, con amor, como Dios manda, para la prevista cena (naturalmente que el “bocata” iba sin papel de plata, no había entonces. El papel del periódico “Alerta” cumplía la función de envoltorio)… Y como vestimenta: botas camperas de recio cuero, de media caña; pantalón de pana y una cazadora de cuero de la Legión teñida de color azulado (dicen los cronistas que debido a muchos tintes) ella heredada de un cuñado notable Caballero Legionario del Sahara Español.
Pues así se despidió Lily de Juanita y partió, desde su casa sita en el Barrio de La Hoya de Los Corrales, hacia su destino en Segovia… Le esperaba mucha carretera y manta (como se decía y se dice, vulgarmente) por delante y por detrás.
Una vez dejado atrás el casco urbano de su pueblo, se interno en la Carretera Nacional 611, la de siempre desde los romanos, que le llevaría hacia su meta. El tiempo era bueno, seco y cálido, lo cual era un aspecto a tener en cuenta de cara a asegurar el éxito de la aventura ya iniciada.
Los cálculos que Miguel Ángel había realizado eran sencillos: haciendo una media de 20 Km/h necesitaré unas 15 h para realizar el recorrido total, pero como habrá que hacer noche por el camino y habrá que realizar algunas paradas logísticas, la duración total del viaje puede estar en torno a 24 h. Así que Lily tenía previsto llegar a la casa de su hermana y cuñado en torno a las 4 de la tarde del día siguiente. Por lo tanto, tenía por delante una dura jornada “motera a tope” de 24 h… nada que no pudiera superar nuestro héroe.
Pasado el barrio de Somahoz acometió la “Media Hoz”. Esta sería su primera prueba de resistencia, dadas las pendientes y lo sinuoso de la carretera en aquellos años. A su izquierda nuestro Río Besaya y las vías del “Tren” (ferrocarril Palencia – Santander) le acompañarán largo trecho, con las caricias de la montaña a su diestra… todos testigos mudos de la proeza ya en proceso. Una vez superada con éxito “La Media Hoz” y pasado el Valle de Iguña llega la segunda prueba de resistencia, en este caso unas hoces de verdad: “Las Hoces de Bárcena de Pie de Concha”… lo cual demandó de Lily mucho pedaleo, pues había que ayudar al motor hasta llegar a la industrial y próspera Reinosa.
Elegante fue el paso por el casco urbano de la capital campurriana, también lo fue el cruce del Ebro, por el puente de Carlos III. Después de un buen rato de carretera se acercaba a su tercera prueba. Era ya media tarde cuando se le presenta al frente el mítico Puerto de Pozazal (que hablen aquéllos camioneros de “Goyo Pérez” de las dificultades de pasarlo en el crudo y bien nevado invierno campurriano). Excelente desafío, aunque fuera en verano, como prueba de esfuerzo para el “corazón” de la VeloSolex de Lily. ¡Bufff, costó mucho pedaleo y kilos de sudor, pero se coronó puerto satisfactoriamente¡ Pasado Pozazal llega un trecho de descanso, pues la bajada ya es a toda pastilla hasta el cruce de Mataporquera… Pronto Aguilar, La Villa Galletera, que fue atravesada felizmente envuelto en el aroma celestial de las galletas… Aquél producto te envolvía en una nube de dulzor embriagador (servidor lo recuerda de niño, cuando pasaba por ese tan especial lugar acompañando a los camioneros de “Goyo”)…
Nota: Es lamentable y triste decir que hoy día se nos prive, al atravesar Aguilar, de ese olor tan delicioso que caracterizaba a tan histórica Villa… Las circunvalaciones mediante autovías, las multinacionales y las grandes naves industriales, fuera de la villa, son los responsable de tal dulce, nunca mejor dicho, pérdida.
El vehículo, por el momento, iba perfecto… a su velocidad de crucero. Y el piloto, también por el momento, sin problemas dignos de mención… El sillín de muelles, sin acolchar, un poco incómodo…pero las cosas son como son y Lily tenia resistentes posaderas. El capitoné lo dejamos para el sofá casero… aunque las horas ya pesan y la ruta puede ir trocándose en incómoda…
En Mave, pintoresca localidad de las norteñas montañas palentinas, Lily disfruta de la contemplación de sus cuevas e Iglesia Rupestre y realiza la primera parada. Hay que repostar: un litro de gasolina, con su correspondiente y perfecta mezcla con Aceite SAE 30 ( sencilla y barata operación )… Y como aún no le pide cuentas el estómago, más carretera…
Nota técnica: Recordemos al avisado lector, que una VeloSolex podía recorrer, en terreno llano, 100 Km a una velocidad de 30 Km/h. Es obvio que el consumo de la de Lily en esta ruta era superior, dadas las irregularidades y sinuosidad de la carretera.
Segundo descanso: Osorno, a las nueve de la noche, parada y fonda… es un decir... El bueno de Lily va buscando Posada, cual María y José en belén. En encontrándola, la dueña de la misma procede a acoger al Caballero Cántabro; pero con este exige pernoctar junto a su “montura”, la casera, lozana pero inflexible, se opone a la demanda de nuestro Lily, lo cual es del todo inaceptable para tal Caballero: jamás se separará de su montura. Conociendo a Lily, hay que imaginarse la batalla verbal entre Dama y Caballero no me habría gustado estar allí para escuchar los improperios que llenarían el salón de la Posada en cuestión así que Lily, con su elegancia característica, mandó a hacer puñetas a la buena y tan “caritativa” Sra Castellana. Para calmar su mala leche y en el Bar de la posada, mirando con desprecio a la Dueña, tomó un buen trago de vino en vaso y carretera… Pues ya había tomado la firme decisión de no parar a dormir por el camino. El incidente en la Fonda le había puesto de mala leche y los Rodríguez son gente de carácter… “esta gorda cabrona me ha chafado el plan ¡ no te jode ¡ así que seguiré ruta hasta que el cuerpo aguante”, se dijo.
Determinado su nuevo plan de viaje sin pausa nocturna, a la salida del pueblo y en la paz del crepúsculo castellano, sentado en un banco en las proximidades de la Casa Cuartel de la Guardia Civil de Osorno donde echó una parlada con el Guardia de Puerta, contándoles los pormenores de su aventura el bocadillo con tragos de vino, fue su reconfortante cena… Ello supuso tranquilizar a Lily e insuflarle ánimos para la empresa que le esperaba: hacer el viaje sin dormir.
Nota: Es de justicia decir que el hecho de estar 24 h sin dormir, no era algo extraño para Lily. Este, en su profesión de experto técnico mecánico en NMQSA, solía pasar jornadas de más de 24 h seguidas en la fábrica cuando alguna urgente e importante reparación lo demandaban. Las personas que profesan el Mantenimiento Industrial saben perfectamente de lo que hablo.
Circular por la noche por aquellos entonces equivalía a ir por el desierto, debido a la escasa, por no decir inexistente, circulación nocturna… De vez en cuando algún solitario camión lanzaba salvas con los faros… suponemos que en honor del heroico caballero de la VeloSolex.
A las dos de la mañana llegada a Palencia, fatigado pero con la moral bien alta. Cerca de la estación de ferrocarril hay en una cafetería, así que, como en el lejano oeste: entrada triunfal del héroe, después de dejar su montura a las puertas del local. La clientela muda (extraño cliente a esas horas, eran otros días y otros tiempos, la noche era sinónimo de descanso ó trabajo, pero nunca de inquietud) … ante esto, un breve monólogo: "buenas noches, un café y un doble de coñac, cuánto le debo y adiós”
Procede volver a llenar el depósito y rellenar la lata de reserva, ya vacía, en la gasolinera cercana a la Estación de Palencia... Muy importante el cumplir rigurosamente el programa logístico.
A la salida de la capital palentina la moto ya no va tan bien… comienza a dar síntomas de racaneo, el motor no va “redondo”, pero Lily quiere llegar hasta Valladolid para allí realizar una gran parada para mantenimiento. No es pertinente ni oportuno hacerlo a estas horas de la noche y en mitad de la carretera, por ello… el tramo hasta la ciudad del Pisuerga es eterno… A marcha lenta lentísima y pedaleando a ratos. A las ocho de la mañana, aproximadamente, llega a Valladolid… ya a pedales, dado que el motor dejó de funcionar en la zona de TAFISA, a unos tres Km. a vista de Valladolid. Heroico trayecto nocturno, pues además de mucho frío (el salto térmico del día a la noche, en la meseta, es notable) menos mal que un impermeable y un sombrero le ayudaron a soportar tales penalidades.
Una vez pasado el Puente Mayor, a la entrada de Valladolid, es necesario, dado el “parón” de la “máquina”, realizar la obligada parada para mantenimiento… Hay que buscar el lugar apropiado. No lo pudo pensar mucho Miguel Ángel, ya que al llegar a Paseo de Zorilla y avistar el frondoso parque del “Campo Grande” parece ser que la VeloSolex se cansó ya del todo, pues se le salió la cadena y terminó el pedaleo… con lo cual ya no había alternativa: el Campo Grande sería el Taller de Reparaciones.
Lily se lo tomó con calma. Volvió a colocar la cadena y se acercó a una cafetería próxima donde los trabajadores de FASA desayunaban durante su descanso laboral, del turno de mañana― y allí desayunó como Dios manda, descansó de la aventura nocturna e hizo acopio de fuerzas y entusiasmo para acometer las tareas siguientes: reparar la Velo, realizar una revisión general y asegurar la mecánica para no tener ya que realizar más paradas.
He de reiterar que nuestro Lily era y es un gran mecánico, muy organizado y previsor a la par que en extremo curioso. Por ello llevaba todas las herramientas necesarias y suficientes, así como los recambios habituales (juntas, bujías, tornillería y accesorios …) para acometer cualquier tipo de reparación que sobre la marcha se le presentase. Es una obviedad decir que Lily conocía perfectamente su VeloSolex, dada la cantidad de veces que la había desmontado entera y especialmente el motor como parte más compleja y delicada. Por todo esto ninguna dificultad se le presentó en el proceso de la reparación y revisión que debía acometer de inmediato.
 
 
 
La reparación consistió en:
Parte Motor: desmontar prácticamente todo el motor; limpiar la culata, colector y tubo de escape de carbonilla; cambiar las juntas de culata, colector y la membrana de la bomba de gasolina (esta es la que había provocado realmente la parada del motor); cambio de bujía, limpieza y ajuste de los “platinos”, así como realizar una puesta a punto del motor (la moto no rendía, racaneaba, antes de pararse). Con la limpieza del circuito de gasolina y el llenado del depósito, quedó perfectamente listo el motor.
Parte Bicicleta: Desmontaje, limpieza y engrase de la cadena; Idem para el plato y piñón; ajuste de frenos; revisión de la presión de los neumáticos y engrase de los bujes de las ruedas.
Con todo lo referido quedó en perfectas condiciones, la VeloSolex y el Piloto, para acometer la última etapa de la singladura.
A las doce del mediodía, de un precioso día y con la Velo ya rodando con alegría, abandonó Lily el Campo Grande de la Cuidad del Pisuerga. Y como procedía, una vez más, realizar el rellenado de la lata de reserva de gasolina, esto lo realizó en una gasolinera a las afueras de Valladolid, en la Carretera de Madrid… Y ya sin parada alguna necesaria, habiendo dejado atrás la Factoría de FASA e industrias de la periferia vallisoletana, nuestro aventurero procedió a adentrarse más aún en la meseta castellana. Ya no había el verde y montañoso paisaje que la noche anterior le había borrado, ahora tenía campos de trigo y cereales, así como extenso pinares en una llanura sin fin… nada que se pareciese a la tierra que a nuestro héroe vio nacer.
Por delante se le presenta la gran recta de Olmedo y aledaños… larga como... casi 40 Km, exagerando un poquito… Aquí el cansancio es brutal, no hay postura, como desde Palencia a Valladolid, pero ahora con el sol en lo alto, duro calor castellano. Las únicas sombras las de los enormes chopos, en tramos… Aquéllos árboles con un rectángulo pintado de blanco, para ser más visibles… ¡Bufff que sudores!… (hasta el narrador se está cociendo de calor)…
Aunque el piloto acusa la fatiga, la soporta con estoicismo, dado que como la “máquina” va como la seda él no va a ser menos ¡ es un Rodríguez ¡ Así que van “comiendo kilómetros” y kilómetros sobre la “raya” de la rubia, en esa estación, cabellera del corazón de Castilla. El problema que ahora se le presentaba, al osado aventurero, era que no había lugar para descansar y tomar un refresco… Tampoco la posibilidad de desviarse, en algún punto, para el cada vez más necesario refrigerio. Cosa esta muy problemática, entonces, por la escasez, mejor dicho, inexistencia, de servicios en carretera.
Pero todo llega… el primer cruce hacia Arévalo, a la derecha… después a la izquierda en dirección a Santa María Real de Nieva, en cuya carretera y a 12 kilómetros se encuentra la ansiada meta ¡ Aldea Nueva del Coronal ¡ Con la moral por los cielos y canturreando canciones montañesas ( ♫ al subir la escaleruca, a una moza me encontré, me encontré, me encontré, ¡cómo estaba! como estaba, … ♫ ) Lily recibió una inyección de entusiasmo, que fue como un bálsamo milagroso que le curó, de la fatiga y falta de sueño acumulado, en un santiamén.
Hacia las tres de la tarde ( una hora de adelanto sobre el horario previsto ) avistó Miguel Ángel Rodríguez Sasián “Lily“ su destino. Para celebrarlo, en el primer Bar que encontró se regaló el más que merecido refrigerio y preceptivo descanso… puesto que no quería presentarse en casa de su familia con mal aspecto ¡Aldea Nueva del Codonal… fin de trayecto!
Nuestro Lily se presentó (perfectamente acicalado, en torno a las cuatro de la tarde) en casa de su hermana y cuñado, con la notable alegría y a la vez sorpresa, por parte se estos, dado que nunca pensaron que Miguel Ángel acometiera y culminara tal aventura.
Aldea Nueva del Coronal ( pueblo cercano a Segovia capital ) tenía por aquél entonces unos cuatrocientos habitantes y detalle a destacar muchas bodegas (cada familia la suya) … algo típico de los pueblos castellanos que, además de autoabastecerse de prácticamente todo lo necesario para la subsistencia, cultivaban la vid y fabricaban su vino desde tiempos inmemoriales. Sus casas de adobe, clima recio, hábitos y costumbres, hacían de sus gentes el prototipo de castellano recio y árido, como la tierra suya… pero también con su peculiar encanto. Hay que bien conocer Castilla para amarla… leamos a los poetas castellanos y ellos nos enseñarán a amarla.
La estancia de Lily en casa de su familia duró quince días, ellos empleados en las tareas ya indicadas para el traslado de enseres, pero también alternados con visitas turísticas por la zona castellana… montando la ya heroica VeloSolex. Los refrescantes baños en el río (entonces no había piscinas por esos lares) y las “visitas culturales” a las bodegas, completaban lo que podíamos denominar, con criterio, “el descanso del guerrero”.
Así que, entre las tareas de la mudanza y el aprovechado turismo, nuestro Lily disfrutó de unos hermosos días con la familia, después de su meritorio Raid en su VeloSolex. El regreso lo realizó en el camión de la mudanza, obviamente junto a su inseparable cabalgadura.
Para este valiente fue una gran experiencia, a contar a sus nietos, como a mi me la ha contado. Espero que os haya gustado.


Lily, con su hijo Miguel Ángel y los hijos de este, en la actualidad
 
Coda, resumen:
Cumplimentado el periplo regresaron sanos y salvos, a Los Corrales de Buelna, Caballero y Cabalgadura.
Tiempo total empleado: 23 H, aprox. Excelente media de velocidad de una VeloSolex, muy difícil mantener por las circunstancias y condiciones de la ruta.
Litros de mezcla consumidos: 4
Alimentación: dos bocadillos y otras bebidas.
Energía mental consumida: está por calcular.
Satisfacción y Entusiasmo, por la proeza realizada: Plenos.
Narración: hace unos meses (Marzo del año en curso)…
Nota final
Sigue…El tío Lily…
Mis tíos hace poco me contaron esto y otras cosas más pero esto es de lo más bonito que yo he escuchado.
Como curiosidad diré que, el tío Lily, jubiló su VeloSolex cuando compró posteriormente una Ducatti 175. Esta brillaba como el oro y aún hoy conserva la pintura original (metalizado en cobre y rojo Burdeos)…una joya. Cuando Lily se cansó de ser motero activo se la regaló a nuestro Maestro Nany, como en su día le prometió… aunque tenía gran cantidad de compradores, la generosidad de Miguel Ángel quedó una vez más de manifiesto con este detalle. Por cierto, la moto sigue en el taller de Nany…
Una anécdota para concluir este relato. Me cuenta que un día iba en su VeloSolex con otro amigo camino de la Vega de Pas, iban en paralelo y charlando tranquilamente, entonces apenas había tráfico alguno… En llegando a un lugar determinado les echó el alto la pareja de la Guardia Civil, que, cumpliendo con su sagrado deber, les pusieron una multa de 25 Ptas. a cada uno: por ir circulando con motos en paralelo… Ni los ruegos ni explicaciones sirvieron… ni, posteriormente, los pliegos de descargo (que fueron cuatro) dieron resultado… Así que tocó pagar y callar, según norma de la Casa Cuartel… a nuestro ya legendario héroe motero.


Lily, con sus sobrinos Juanma y Pey



Lily con su amigo y sobrino político Manolo Balbás (QEPD) en 1959

… Y por todas estas historias y otras más que acontecieron, la legendaria VeloSolex siempre tendrá un lugar en nuestros corazones…
 
Cordialmente, y Nany en nuestro recuerdo, Lily, Juanma y Pey
Los Corrales, Santander, Valladolid y Baiona - Octubre del 2013

2 comentarios:

  1. una vallisoletana...
    Mi más sentido pésame a la familia.
    Preciosa y emotiva historia!

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  2. Velosolex de Laredo8 de junio de 2019, 10:27

    Curiosos relatos que me han entusiasmado. Sencilla pero emotiva literatura.

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