martes, 1 de septiembre de 2015

MARÍA

Veía deslizarse el agua por los cristales y cómo algunas gotas, desaparecían apenas se estrellaban contra el suelo, otras en cambio iban formando pequeños riachuelos que corrían presurosos por la cuesta en busca de formar su propio caudal. María había perdido interés por la vida. Ella tan activa hasta hace unos meses, ahora miraba con los ojos apagados y una desgana que se había instalado a partir de los últimos acontecimientos familiares.
Nunca se vio en una residencia, pensó que alguno de sus cinco hijos le daría cobijo, cuando su estado físico no le permitiera estar sola, pero…alegaron motivos de espacio, trabajo… distancia…y un largo etc.…que no hubiera querido nunca escuchar.
–No te abandonamos mamá, hemos elegido una residencia pensando lo mejor para ti, allí estarás muy bien atendida y entre gente de tu edad…podrás jugar a las cartas, al parchís y a tantas cosas…ya me gustaría a mi que todo me lo dieran hecho, tendrás el descanso que te mereces, ya verás como te alegras. Esos y más argumentos utilizó mi hija Carmen con su voz zalamera y persuasiva.
Al principio las visitas eran frecuentes, mis hijos, mis nietas…yo las esperaba con una sonrisa, -- si, estoy bien no os preocupéis me estoy adaptando…-- a cada respuesta mi corazón se encogía hasta hacerse pequeñito, deseando gritar todo lo contrario…hacerme un hueco a vuestro lado por favor, que yo sienta vuestro cariño…tengo miedo, no puedo dormir , tengo pesadillas…os he entregado mi vida entera…pero todo se quedaba en mi interior, según ellos para mi era lo mejor…no debía quejarme , que piensen que soy feliz…que no se enteren que estoy rota de dolor.
Las visitas empezaron a espaciarse, no me cogió de sorpresa, lo esperaba, me resigné, ¡qué remedio!…las horas pasan tan lentas…
Hoy estoy recluida en mi habitación recordando y desempolvando recuerdos, eso es lo que me queda. Siento el aleteo cercano de la muerte, no la temo…si, me asusta la enfermedad y el abandono de mis seres queridos. Fermín, creo que pronto me reuniré contigo…estoy cansada y sobre todo triste. Mis ojos miran el crucifijo que tengo en la cabecera de la cama, ¡Señor no me abandones! En ti confío.
Hoy es el entierro de María, unas lágrimas se deslizan por el rostro de sus seres queridos, quizá el dolor es más intenso porque tienen remordimientos de conciencia, se han quedado con ganas de decirle tantas cosas…ahora solo se lo podrán decir frente a una fría tumba de mármol en el cementerio. Pero ella como buena madre ya les habrá perdonado, ya descansa en el más allá y les hablará desde su corazón.
La tumba de María está cubierta de flores, y por alrededor han brotado unas florecillas blancas que nadie recuerda haber plantado, son un pequeño homenaje a una mujer buena.

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